Alemania

Desde el punto de vista de un español

La vida en Alemania es muy apetecible. El nivel de vida es bastante alto, incluso para los estudiantes. La única pega es el tiempo.

Los alemanes -fuera de broma- dejan de trabajar y se van al parque cuando asoma el sol. A la hora de coger vacaciones, no dudan en viajar a España, a Mallorca, o, como algunos lo pronuncian: ‘’Malorca’’.

Consideran que España es un país exótico, y la verdad es que te tratan mejor si les dices que eres español. Aman España y sus costumbres.

Por las tardes, la gente suele quedar en algún bar para tomar las famosas cervezas alemanas. La cerveza. aunque parezca extraño, cuesta menos que una lata de Coca Cola. Los precios, en comparación con España, están por las nubes (sobre todo en lo referente a la alimentación).

Aunque uno llega con la idea de que son gente bruta, por la idea preconcebida de alguien hablando con el típico acento alemán cerrado, la realidad es que los alemanes son gente bastante amable y formal. Te tratan bien desde el primer momento y la educación -afortunadamente- no brilla por su ausencia. Son muy directos a la hora de decir las cosas, pero a la vez muy respetuosos.

Se sacrifican todos y cada uno de ellos para que su país funcione, cosa que no pasa en España. El Estado les llega a quitar cerca del 50% de su sueldo, o incluso más, pero ellos lo ven normal. Toda medida tiene su explicación, y tras haber estado allí casi un mes, ahora entiendo porqué son la potencia europea por excelencia.


Alemania cuenta con bastantes monumentos en la actualidad, aunque muchos de ellos fueron destruidos en la II Guerra Mundial. Muchas catedrales, por ejemplo, lograron prevalecer, pues eran el punto de referencia que tenía el enemigo a la hora de bombardear. Bastantes ciudades tuvieron que ser reconstruidas, y algunas con el fin de que atrajeran a turistas en un futuro.

Es un país multicultural, ya que después de la guerra necesitaron mano de obra barata. Existen diversos grupos étnicos instalados en Alemania, entre los que destacan los turcos. Este país alberca una cantidad desmesurada de supermercados turcos, con alimentos importados directamente de Turquía,  así como restaurantes y tiendas cuyos consumidores -y productos- son de origen turco.

Para los curiosos, decir que los símbolos referentes al nazismo están totalmente prohibidos, y aunque sea un tema algo tabú, los alemanes se sienten todavía culpables por lo que sus líderes hicieron.

El idioma oficial es el alemán, y practicamente todos hablan perfectamente inglés. La moneda oficial es el Euro y su capital, Berlín.

Es normal que la gente se decante por llevar una dieta vegetariana, y hay productos 100% ecológicos en los supermercados a disposición de todo aquel que los desee. El precio de estos tipos de alimentos es bastante alto, y no todos se pueden permitir el compralos.

Todo el territorio es muy seguro, y se puede viajar con tranquilidad. En las ciudades, sin embargo, existe el riesgo de asaltos en zonas oscuras cuando cae la noche, pero éste no es más alto que en el resto de Europa.

En definitiva, Alemania es un gran país, lleno de gente muy respetuosa y con las ideas muy claras. ¡Recomiendo el visitarlo!

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